Era esta misma casa. Eran calles de junio,
casi azules;
muros ensimismados,
plata líquida,
lentas persianas del atardecer.
Qué raro este silencio,
la niebla deambulando por las habitaciones.
En el jardín,
las hojas de otoño son cometas
que giran en la órbita de algún sol extinguido.
Qué raro el corazón a la intemperie,
el corazón en vilo,
la luz descarrilando en los cristales,
qué raro el corazón.
poema de Benjamín Prado