foto de elsvo
Yo te entregué mi sangre, mis sonidos,
mis manos, mi cabeza,
y lo que es más, mi soledad, la gran señora,
como un día de mayo dulcísimo de otoño,
y lo que es más aún, todo mi olvido
para que lo deshagas y dures en la noche,
en la tormenta, en la desgracia,
y más aún, te di mi muerte,
veré subir tu rostro entre el oleaje de las sombras,
y aún no puedo abarcarte, sigues creciendo
como un fuego,
y me destruyes, me construyes, eres oscura como la luz.
de Juan Gelman
Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una como mi sangre.
Tu boca entre a mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar.
Desgárrame.
Caigas entera en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñeme tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.
Que ya no puedo así, con esta sed
quemándome.
Con esta sed quemándome.
La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos.
de Juan Gelman
Si llegas esta noche
te sentirás tan sola;
encontrarás papeles
por las habitaciones:
la casa abandonada
de mi literatura
con los cristales rotos
y el jardín inquietante
como un sueño perdido.
De repente, sabrás
que la vida es mentira,
que es una calle larga
con viejos hospitales;
que un poema se piensa
como se piensa un crimen;
que hay gentes emboscadas
al fondo del amor.
Te sentirás tan sola
si llegas esta noche
con tu silencio lleno
de pequeñas ventanas,
la ciudad y sus taxis
cargados de secretos
y estos versos mirándote
dulcemente a los ojos
desde la oscuridad.
Mientras tanto hace frío.
Las horas se suceden
despacio. Un viento frágil
va propagando el humo
verde de aquellos árboles
parados a lo largo
de mi vida. Hace frío.
El invierno se llena
de automóviles blancos
y las águilas pasan
sobre el bosque inclinado
de mi caligrafía.
Yo te imagino ahora,
mi amor, hacia el descenso
pálido de la tarde,
en tu mundo con lentas
avenidas de tilos,
álamos que ilustraban
nuestra melancolía.
Aquí, al otro lado
de mi poema, acaso
esté lloviendo y yo
piense como decirte
te amo, qué despacio
pasa el tiempo sin ti.
Benjamín Prado, El corazón azul del alumbrado